IX ÉPOCA

10.6.09

Los 157.500

La búsqueda de la fuente de energía definitiva, esa que puede proporcionar energía barata en cantidad suficiente y libre de amenazas para los humanos y el medio ambiente, es la gran Ramera del mundo actual, el Leviatán del Apocalipsis; o es la panacea universal para seguir teniendo luz, calefacción, frigoríficos, teléfonos, ordenadores, neveras y transporte. Pero no las dos cosas.
Ya está en marcha el debate sobre el debate nuclear: ¿hay que hablar del tema o conviene mantenerlo encerrado bajo siete llaves, como el sepulcro del Cid?
Pero hasta el debate sobre el debate está contaminado. ¿El futuro es la consecución de nuevas fuentes de energía que sustituyan a la derivada de los combustibles fósiles, que terminarán por agotarse, o lo que hay que plantear es una revolución en el uso de la energía? ¿Podemos sostener un mundo de progreso global manteniendo el criterio de que el desarrollo del bienestar es directamente proporcional al consumo de energía tal y como hoy lo concebimos?
Resulta que menos de la cuarta parte de la población mundial consume casi tres cuartas partes de la energía que producimos. Según los medidores actuales, las tres cuartas partes de la población menos desarrollada (unos 4.700 millones de personas) tendrían que acceder a un consumo similar al de los otros 1.500 millones para alcanzar un nivel de desarrollo equiparable. O sea, que o se incrementa en cantidades astronómicas la producción de energía o se reduce drásticamente la que consumen los desarrollados, para lograr una cierta equiparación de los que aún están desarrollándose. La tercera opción es dramática: mantener una "bolsa" de subdesarrollo lo suficientemente amplia como para no tener que compartir la energía.
Y es en este panorama donde entra la cuestión del debate: la energía nuclear. Porque parece de universal consenso eso de que los combustibles procedentes de fósiles se acaban y que las llamadas energías renovables aún resultan caras e insuficientes. Hablemos, pues, de los combustibles atómicos. Proclamemos que la fisión del átomo es inofensiva; que, gracias al Tratado de No Proliferación de Armas Atómicas, la producción nuclear no servirá para que nos pulvericemos a bombazos (con las armas que ya hay resulta irrelevante que se hagan más, porque la tierra sólo se puede destruir una vez, y con lo que hay se puede conseguir cien veces); insistamos en que las armas nucleares nunca serán empleadas ni se permitirá que los "átomos para la paz" sean utilizados para la guerra...
Pero el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares también dispone de su propia coartada: "El Tratado fomenta la cooperacion en la esfera de la tecnología nuclear pacífica, así como la igualdad de acceso a esta tecnología para todos los Estados partes, al tiempo que las salvaguardias evitan la desviación de material fisionable hacia usos armamentísticos", dice en uno de sus párrafos. Y en Irán sin enterarse. La verdad es que el referido Tratado no es más que el instrumento de los países atómicos para garantizarse la exclusiva de la producción y comercialización de las centrales nucleares, frenando toda investigación y desarrollo de la tecnología en los países emergentes, para mantenerlos en su condición de clientes.
Pues ya hay una empresa, en Los Álamos (USA), que tiene la solución. El caso es que, si Hyperión logra vender un número suficiente de esos pequeños e "inofensivos" reactores, tendremos que convivir para siempre con unos depósitos de material radiactivo diseminados por toda la superficie del planeta. Porque cada "pila" de esas que quieren vendernos, además de costar hoy unos 25 millones de dólares, habría de recargarse cada cinco o diez años, volviendo a abrir el sarcófago de hormigón enterrado, para mantener el suministro energético a cada población de unos 10.000 hogares. Pongamos una media de 4 personas por hogar, hagan la división entre 6.300 millones de humanos que pueblan la tierra y tendrán el número de "pilas" atómicas que han de enterrase para tener garantía de suministro eficiente para toda la población mundial: 157.500 reactores nucleares bajo nuestros pies.
El debate está abierto y ya se han aprestado a poner su granito de arena todos los "abuelos cebolleta". Ahí tienen ustedes al Felipe González Márquez que patrocinó la moratoria nuclear cuando gobernaba, convertido al nuclearismo activo, o a su sucesor, en el gobierno y en lo de "cebolleta", José María Alfredo Aznar López, en plan mesías redentor y con la verdad verdadera y universal bajo el brazo.
Pero, como decía, el debate está mal planteado y es perverso en sí mismo. Porque la realidad es que nadie se atreve a decir que no hay manera de sacar del subdesarrollo a tres cuartas partes de la población mundial y mantener la ecuación "desarrollo = consumo energético".
Mientras nosotros seguimos "progresando" en maquinitas a pilas (desechables o recargables) para divertirnos cada vez mejor, estamos frenando el desarrollo de unos 4.000 millones de seres humanos que seguirán usando leña y excrementos para calentarse o comer, que carecen de agua potable y que se mueren de enfermedades erradicadas del mundo desarrollado. Claro que luego se vengan con sidas, gripes porcinas, etc., resultantes de la expoliación que de sus derechos hacemos los desarrollados.

1 comentario:

Blog A dixo...

Crudo real, poco que añadir a tu entrada y al comentario anterior..
solo que tendría que haber una revolución pero la maldas puede a la bondad y tn todas partes existe, dale poder a cualquiera y será como estos... no sé que tiene el poder
muy bueno el articulo.