Oiga usted, Caballero: ¿no habíamos quedado en que,
pasada la calor, nos daría cuenta de los desaprensivos que dieron curso a esa retahíla de desafueros urbanísticos que nos han puesto a los pies de los tribunales de justicia?

Si, hombre; ya sé que
o falar non ten cancelas, pero eso es para los demás, para el vulgo que puede largar sin que nadie le recuerde que está haciendo Diego donde había dicho digo. Pero, hombre de Dios, cuando uno se mete a alcalde, por mucho que sólo le toquen unos gajos del pastel, tiene que medirse cuando larga por la boquita.
Pues bien, henos aquí (no confundir con aquí hay paja), con el verano consumido, el otoño superado y metidos de lleno en los fríos del invierno y sin una mala lista (aunque no sea negra) o un mal censo (versión Santilicuatre) de desaprensivos peloteadores de lo del urbanismo.
Y digo yo; si no iba a hacer nada, ¿qué trabajo le hubiera costado al Caballero ese estarse calladito y no decirnos eso de que iba a publicar los nombres de los responsables de las licencias ilegalmente concedidas?
"Todos los que dieron licencias que han sido anuladas por los tribunales tienen que asumir su responsabilidad política, tanto alcaldes, como responsables de Urbanismo, porque el Concello no tiene capacidad financiera". Éstas son sus palabritas, señor Caballero, proferidas en plena canícula, lo que nos permite pensar que resulta usted excesivamente afectable por el aumento de la temperatura estival y se le va la olla.
Pero a nosotros no; no se nos va la olla en estos asuntos (en otros, ya es otra cosa) y tenemos que transitar por este valle de lágrimas con nuestra pesada memoria a cuestas.
En fin, que la presente es para ver si, aprovechando la bajada general de la temperatura por culpa del invierno y de que lo del calentamiento global no digo que no lo haya pero no se ve todavía, puede aprovechar para acordarse de que nos debe una lista. Claro que,
alomojó tanto frío lo ha puesto a usted en hibernación y, hasta que la primavera no nos traiga el deshielo, tiene las neuronas en
stand by.
Pero está usted de suerte, porque henos aquí para recordarle, como hacía aquel personaje que en la antigua Roma se colocaba en el carro del general que entraba en triunfo en la Ciudad Eterna y le repetía al triunfador que no se tirara de la cuadriga con el subidón,
"memento mori" (recuerda que eres mortal), después de insistirle en que no se olvidara de que sólo era un hombre.
Pues, para mí que nuestros munícipes, que se crecen lo indecible a la hora de largar, siguen necesitando un asesor del tipo del que tenían los generales romanos. Modestamente, nos ofrecemos para el cargo, bien entendido que la única remuneración que esperamos es que nos hagan un poco de caso, que tampoco es tanto.
Cuando en 1992 Bill Clinton se enfrentaba a Geroge H.W. Bush (el papá del otro Bush) y éste andaba con lo de la política exterior y lo de Kwait, un asesor de aquel, James Carville, acuñó la célebre frase
"Es la economía, estúpido", que acabó por darle la presidencia a su jefe.
Pues, como tiene antecedentes, y viene aquí "como anillo al pelo", me tomaré la licencia de usar la idea para ver si se aclara usted:
¡Es la lista, estúpido! La lista, ¿te enteras?