IX ÉPOCA
Amosando publicacións coa etiqueta capitalismo. Amosar todas as publicacións
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10.9.13

Esto no puede quedar así

Me encanta el agudo análisis que ayer planteó mi colega Pardavila. Deseo, sí, añadir algo. El efecto Detroit, sin variar nada más que que los nombres de personas o de empresas, es aplicable no sólo a esta ciudad, sino que también a todas las poblaciones de Occidente. La deriva de la época es lo que impone; no se puede pensar y sentir y actuar si no es con las herramientas que la época suministra. Los efectos de las soluciones ¡provisionales! dadas a las dos Grandes Guerras del siglo pasado traen estos lodos: desencanto y ansiedad. Y, claro, nuestro blog, también cae bajo la esfera de esa toxicidad. No, no es que el determinismo sea insalvable; pero tan sólo a partir de un ¡joder, ya está bien! podremos empezar a dar un giro a esa inercia anónima, empezando por nuestras propias prácticas individualistas, tandorrománticas y pequeñoburguesas.

¡Joder! digámosles no; digámonos no. Aquí, en Vigo (y en todas las ciudades occidentales), al margen del sistema, están ocurriendo cosas muy interesantes; debemos ponerlas en valor, y lo vamos a hacer. ¡Joder, ya está bien!

26.7.13

Deprisa-deprisa

Resulta difícil illarse da traxedia dos familiares e amigos das víctimas do accidente de tren en Santiago, e poder pararse a reflexionar, ao fío desta desgracia, sen esa carga, sobre o transporte público na nosa Comunidade e sobre o carácter que este ten neste sistema no que prima, por riba de todo, o beneficio duns poucos a costa da maioría.
A cuestión da Alta Velocidade en Galicia ocupou na última década, case en exclusiva, a reivindicación política sobre o transporte de viaxeiros en Galicia. Investimentos, prazos, trazados...  foron o leit motiv da propaganda dos partidos da nosa comunidade, hexemonizando a información e a reflexión sobre este tema, de singular transcendencia para nós; unha Galicia desestructurada, con fondos desequilibrios costa/interior e fondamente desarticulada nas súas vías de comunicación, nas que a preferencia polo vehículo privado ou a construcción de desmadradas infraestructuras foron a guía da intervención pública: caras vías rápidas, corredores, autovías, desdobramentos, inormes aeroportos duplicados.
O debate sobre o AVE comeuse literalmente o imprescindible sobre o deseño e creación dunha rede ferroviaria de cercanías de calidade, que fose quen de estructurar eficientemente a mobilidade territorial. Finalmente, a implantación chapuceira do AVE para comunicar viaxeiros coa meseta, e os inormes gastos en atovías e vías rápidas de ningún sitio a ningunha parte, impediron, na práctica, e mesmo dificultaron, a necesaria planificación e investimento nas comunicacións interiores. E non só iso: a ideoloxía AVE producíu unha caótica mestura de tipos de vías e trazados, de tramos con distintos sistemas de seguridade, de proxectos incompletos, ao son das necesidades das axendas de inauguración dos políticos gobernantes de turno e das retóricas reivindacións do seu alter ego, a oposición.
Non é difícil imaxinar que unha rede ferroviaria de cercanías integrada, que comunicase con eficacia, rapidez e economía, por exemplo, a grande área formada por Vilagarcía-Pontevedra-Ourense-Vigo-Tui-Porto, movería nun mes moitísimos máis pasaxeiros ou mercadurías que o AVE a Madrid en todo un ano, e contribuiría, de xeito posiblemente decisivo, ao desenvolvemento social e económico do sur de Galicia.
Pero os nosos próceres optaron (co silenzo da Sociedade) pola velocidade, por gañarse un par de horas de viaxe para os executivos e turistas no traxecto a Madrid.
A velocidade non pode ser un valor absoluto, non pode ter ese valor de cambio que mesmo supón que che devolvan o diñeiro se perdes unha hora da túa vida por un retraso. Neste valor introducido polo capitalismo, como se dunha necesidade vital se tratase, agóchanse, realmente, intereses máis espúreos: dende os meramente electoralistas, ata os directamente relacionados con operacións corruptas, xogos de financiamentos millonarios, ou adxudicacións astronómicas ás grandes corporacións no sector da construcción e dos equipamentos.
Un investimento máis razoable, tendo en conta os intereses xerais, houbera sido apostar pola lentitude, pola planificación territorial, polos sistemas integrados de transporte, pola intermodalidade. Pero non foi así: catro carísimos aeroportos na pequena área formada polo eixo Vigo-Coruña-Porto, practicamente incomunicadas por transporte público sostible; un aloucado trazado de vías nas que rapidísimas máquinas -que teñen que reducir a súa velocidade de 200 a 80 km/hora nun pequeno tramo-, nos fagan sentir a fantasía dese deprisa-deprisa que non supón un beneficio realmente comparable ao de planificar un territorio en función das necesidade reais de mobilidade da poboación e dos bens de producción e consumo necesarios para unha bo vivir.

A imaxes do momento do descarrilamento gravadas por unha das cámaras de control -inexplicablemente difundidas a bombo e platillo só poucas horas despois da traxedia, para o noso morboso consumo-, resúltame unha dramática metáfora deste mundo entolecido no que nos fan vivir, deprisa-deprisa.

Deixemos descansar en paz ás víctimas, deixemos desenvolverse un duelo privado -atacado agora por todos os ángulos pola voracidade da infoxicación dos Medios-, e despertemos nós deste letargo. Debémosllelo.

11.7.13

¡Atención! ¡Atención!

en Pescanova huele fatal (mira que lo venimos contando, y ná de ná).

9.4.13

Que se joda la troika



"O povo e quem mais ordena" no es sólo una bonita frase; es nuestro principal mandato constitucional (la soberanía reside en el pueblo). Con ese y los demás versos de "Grândola vila morena" se dio paso, en aquel abril que hizo florecer claveles en las bocachas de los fusiles, al final de la dictadura salazarista que en el Portugal de 1974 representaba el gobierno de Marcelo Caetano.

Y el pueblo, en Portugal, ha vuelto a desenfundar el recuerdo de que es su voluntad la que hay que atender, no el interés de los tiburones de Bruselas o las Islas Caimán. Un interesante dilema para los que dicen representarnos: o se someten a la voluntad popular (no sólo la expresada en las urnas) o, buscándose la justificación que quieran, violan la Constitución que tanto esgrimen cuando creen que los protege a ellos. En democracia, toda la protección es para la ciudadanía.

Y parece que en Portugal sigue siendo Abril, siguen floreciendo los claveles que se esgrimen contra la oligarquía que ha declarado la guerra al pueblo, y se le organiza un escrache primaveral a la maldita troika.

Sigo pensando en que habría que hacer de "Grândola" el símbolo de las protestas, con escrache hard o light, por toda Europa, mientras el Fiscal General del Estado se afana por proteger a quienes son señalados por los ciudadanos, primando el interés particular sobre el general. ¿Y quien nos defiende a nosotros del permanente escrache que nos hacen bancos, fiscalía y Gobierno, pretendiendo que prevalezca el "derecho" al beneficio financiero sobre el Derecho Constitucional a una vivienda digna? Porque los bancos, la Fiscalía y el Gobierno sí saben dónde vivimos, y lo usan.

Grândola, una canción de amor revolucionaria, no habla de violentar a nadie, de matar ni de vengar nada: habla de amor cuando recuerda que "à sombra duma acinheira, que ja nao sabia a idade, jurei ter por companheira, Grândola, a tua vontade", la voluntad del pueblo, que no sólo se expresa en las urnas, señor Ruiz Gallardón.

Escracha, que algo queda.

Y "que se lixe a troika".

31.3.13

la ola Pescanova...

...lo arrasará todo un poco (bastante) más. Los estertores del franquismo siguen causando grandes estragos; la transición sigue (lentamente) su curso. La camarilla industrial viguesa, después de que su gran capitán Julio Fernández Gayoso fuese arrebatado del puente, sigue, ramplonamente, agazapada en su desfachatez... y el patrón de Galicia, eso sí  ¡en los años noventa! navegaba con los capos del contrabando, ahora mira para otros lados. ¿Resucitaremos en este domingo de ídem? No es de extrañar que con tanto figura la ciudad ofrezca ese panorama tan destartalado; sí, sí, con aceras bien anchas (por la zona más céntrica, que por otros barrios...). Olas vienen... pero no van...


11.11.12

Suicida rico, suicida pobre


¿Saben aquel que diu: en qué se parecen las crisis del 29 y la de ahora?, ¿y en qué se diferencian?

Se parecen en que la bolsa hizo "crash" y cientos de millones de personas las pasaron canutas; muchas de ellas se suicidaron.

Y se diferencian en que, entonces, muchos ricos "brokers" de Wall Street, que habían amasado fortunas con el tráfico de valores en la ruleta de la Bolsa, se tiraron por las ventanas (parece que sólo fueron tres, pero fueron), mientras que ahora los que se suicidan son los pobres que no pueden con la hipoteca tras perder el empleo.

Entonces, quebraron en EE.UU.más 3.000 bancos entre 1931 y 1935; hoy aquí no quiebra ni dios, nadie se responsabiliza de nada y los ricos "se abren" rapiñando las últimas monedas que queden en caja porque sus indemnizaciones, compensaciones, retribuciones, pensiones descomunales y otras zarandajas, son legales.

Entonces, algunos de los principales banqueros se rascaron el bolsillo y se pusieron a comprar acciones para impulsar la confianza en el mercado; ahora sólo esperan que entre todos les paguemos sus desafueros.

Entonces muchos cientos de miles se quedaron sin su casa entregándosela al banco; ahora, además de la casa, el banco pretende quitarles el poco dinero que les quede (o el que no tienen), porque es legal y ahora aquella casa vale la mitad de lo que entonces decía el banco que valía y, como el banco no quiere perder en el envite, no acepta que se salde la deuda con la entrega del aval hipotecado.

Entonces, el presidente Roosevelt lanzó su famoso "New Deal", basado en una serie de reformas financieras, agrícolas, industriales y sociales:

-Participación del Estado en el capital de los bancos.
-Devaluación del dólar, lo que crearía inflación para estimular el consumo y la economía en general.
-Aumento de los precios agrícolas, indemnizando a agricultores para que dejasen de producir.
-Aumento de los salarios industriales.
-Disminución de las horas de trabajo.
-Grandes inversiones en obras públicas.
-Creación de medidas de protección social (no había entonces seguros sanitarios) para afianzar el poder adquisitivo de la población aumentando su capacidad de consumo.

Aquí y ahora, los gobiernos sólo son impelidos a pagar las deudas a los bancos alemanes, a base de expropiarnos para que puedan seguir abusando de todos:

-Prestándole dinero a los bancos, no interviniéndolos.
-Imposibilitando la devaluación del euro, porque perderían los acreedores (bancos).
-Impidiendo la subida de los precios agrícolas porque el aumento es sólo de impuestos, lo que provoca la caída del precio en origen pero el encarecimiento al consumidor.
-"Renegociando" a la baja los salarios industriales con la amenaza de la destrucción de empleos, al mismo tiempo que se incrementa el paro.
-"Renegociando" al alza el número de horas de trabajo.
-Paralizando las inversiones públicas en infraestructuras.
-Recortando medidas de protección social (desempleo, pensiones, medicamentazo, euro por receta, etc.), con lo que se disminuye la capacidad de consumo.

El New Deal dio resultado, con la ayudita de la II Guerra Mundial; pero ¿por qué ha de funcionar lo de ahora, que es todo lo contrario?

Muy sencillo: por entonces John Maynard Keynes, que en su obra "Las consecuencias económicas de la paz" había advertido ya de que las exigencias de los vencedores de la I Guerra Mundial provocarían el revanchismo de Alemania, fue tenido en cuenta a la hora de comprender que "los mercados" no dan la felicidad por sí solos. Ahora sufrimos la resaca de aquella fórmula, gracias al advenimiento de la famosa "Escuela de Chicago" desde la que economistas neoliberales como Milton Friedman lanzaron su ofensiva contra el Estado y a favor de la falacia aquella de "la mano invisible" que todo lo arregla.

¿Se estará cociendo otra confrontación mundial para echarle una mano a los ricos amenazados de dejar de serlo?

En fin, qué les voy a decir yo que ustedes no supongan ya.

6.11.12

¡Por fin!

Los altos directivos de Novacaixagalicia, incluido Julio Fernández Gayoso, van pasando por el juzgado y, de momento, tienen que apoquinar una buena pasta de la gran tajada suculenta que de dicha entidad, con maneras más que dudosas, se habían llevado. ¡Por fin!
Con algo así ya había soñado yo bastantes meses atrás y bastantes se partían de la risa. Poco a poco.

30.10.12

¡Pues a mí me guuuusta!




"Para AGE es un gran resultado, que denota las expectativas que generamos y tenemos la obligación de consolidar".

"Beiras es uno de los grandes de este país. Para mí es un honor ir con él, pero el gran éxito de la campaña estuvo en la suma de fuerzas. Si Beiras hubiera pactado por ejemplo con Compromiso, como estuvo a punto, seguro que el resultado no sería éste. Lo que validó la gente fue el discurso rupturista, de izquierda, contra la troika, contra los mercados, contra los poderosos. El éxito se produjo porque la gente se vio reflejada en ese discurso".

"Creemos en la Syriza gallega; estamos en una guerra ideológica brutal de una minoría, una oligarquía, contra los de abajo y vamos a ir a por todas. Necesitamos de muchas más organizaciones y, sobre todo tejer una red de relación de la ciudadanía crítica de este país".

"Los procesos de cambio, de revolución, de ruptura, siempre vinieron de la fuerza del pueblo y así tiene que ser. Tenemos el reto de hacer exactamente eso: combatir e ir a por el poder en la calle. Para eso está el programa común".

"Tenemos que conocernos y querernos más; tenemos que engrasar (...) EU es federalista, Anova nacionalista y la FPG independentista, pero podemos confluir, como está a la vista".

"Beiras decía en la campaña lo mismo que nosotros, que la troika está aprovechando la crisis para desmantelar todo; no fue un discurso de patria sino de fratria, de hermandad. Nuestro principal reto, lo más difícil, es organizar la rebelión cívica a través de un discurso compartido, en el que la gente vea reflejado lo que le está pasando: que la echan de sus casas porque no puede pagar las hipotecas, que un tercio de los empleado percibe menos del salario mínimo inteprofesional, que para ejercer una carrera tiene que pagar 6.000 o 9.000 euros de un máster y no puede. Ese es el discurso que enganchó".

"Los procesos de cambio, de ruptura, son sociales, y eso es lo que queremos configurar. No vamos al Parlamento para hacer la oposición morna que vimos en la última legislatura, sino para emplearlo como un altavoz potente de los problemas de la gente".

"Somos radicales; es lo que les inquieta. Hoy mismo leí que Rueda está preocupado por la oposición que vayamos a hacer. Pues sí, tiene motivos (...) No vamos a pactar ningún consenso económico, vamos a romper con el stablishment: vamos a por ellos, así de claro".

"Vamos a cambiar esas estrategias de consenso contra el pueblo; vamos a por ellos porque ellos son los de arriba y nosotros los de abajo. Vamos contra su modelo (...) y eso de que hay que respetar la institución, no es nuestro modelo (...), antes tendrán que respetar ellos a la gente".

"Creemos que estamos al final de un régimen político y somos radicales porque, efectivamente, el análisis que hacemos es de raíz, vamos al origen del problema".

"El capitalismo ahora no necesita dictadores; logra el poder y los beneficios sin esa obscenidad y brutalidad de las dictaduras".

(Extracto de las declaraciones de Yolanda Díaz a Primitivo Carbajo, en El País. Los subrayados son míos)

15.10.12

El ganapierde

Estamos a punto de unas elecciones en las que nos jugamos algo más que si este desmadre lo gestionará el PP, un bipartito, un multipartito o quien sea. Nos jugamos seguir la senda marcada por quienes han diseñado este juego, que se parece como un huevo a otro al conocido como "ganapierde". En este juego, de lo que se trata es de obligar al contrario a ganar; si se consigue, se gana el juego perdiéndolo.

Y acabamos de asistir al reconocimiento, urbi et orbe, del triunfo de la economía sobre la moral, la decencia,  el interés general y la política. Si, también sobre la política, porque están tratando de arrastrarnos a la bovina aceptación de que la política ha de supeditarse a las reglas de la economía. Claro que no se trata de Economía en el mismo sentido que usted entiende; se trata de un juego diseñado para que pierda todo dios para que puedan ganar unos pocos. O sea que, en la medida que creas que ganas estás perdiendo

Acaban de dar el Premio Nobel de Economía a dos profesionales cuya aportación a los problemas que padecemos es su aguda interpretación de cómo han de comportarse "los mercados". Aportan ambos unas jugosas investigaciones sobre la dinámica del juego, en concordancia con la supremacía de ese juego de azar con trampas llamado Bolsa de Valores. Y se corresponde esto con aquella idea que surgió tras el desastre bursátil de 2008, con la caída de Goldman Sachs, de que había que "reformular el sistema"; no cambiarlo, no sustituirlo, no arbitrar otras fórmulas; sólo "reformularlo".

Confieso que no he leído los trabajos de los dos economistas premiados, pero entre líneas surge una figura que ha hecho más daño a la población que ninguna otra: Adam Smith. El autor de "La riqueza de las naciones" aportó la más demoledora interpretación de lo que una cuestión moral significa, elevando a la categoría de bien apetecible el egoísmo. Según Smith, que ha servido de coartada a todos los inmorales depredadores del mundo desde el siglo XVIII, el egoísta que quiere enriquecerse está, sin pretenderlo así, contribuyendo al bienestar de los demás. Esta teoría de "la mano invisible" que actúa para repartir algo, sería ampliada con la conocida como "del caballo y el gorrión", según la cual, que el pesebre del caballo esté repleto beneficia al gorrión que se alimenta de los desperdicios.

Por si se me escapan cosas he decidido volver a castigarme con la relectura de A. Smith, que no fue un economista en el sentido que hoy tiene la palabra, sino un moralista epígono de la llamada moral calvinista del éxito, según la cual hay nobleza moral en el deseo de éxito y enriquecimiento, y a ella debemos el desarrollo  y crecimiento que "disfrutamos".

Pero lo que realmente me espanta es el hecho de que nadie esté poniendo en cuestión las bases mismas del sistema que nos ha traído hasta aquí; que nadie se haya esforzado por construir un entramado ideológico en el que resulte verosímil la mejora de la vida  fuera del perverso marco de la "economía de mercado", y que hayan logrado convencernos de que sólo dentro del sistema actual hay esperanzas, por mucho que nos sigan dando con ellas en las narices.

En el ordenador de cada uno de ustedes hay un juego, el solitario, que resulta ser como una síntesis de lo que nos espera con este sistema: no hay manera de ganar más allá del 15 por ciento de los juegos. Hagan ustedes la prueba y comprueben, después de algunas decenas de intentos, que no logran superar aquella barrera.

Pues en el sistema que padecemos pasa lo mismo; no es que no puedas ganar, es que tienes limitado el éxito, no de uno en uno, sino en general. Vamos, que no hay manera de atender a las expectativas del 85 por ciento de los jugadores, porque la banca reserva el éxito para no más del 15 por ciento de éstos.

Y con estos pelos nos vamos a enfrentar a las urnas. Yo me pregunto, ¿para qué? Y usted debe preguntárselo también. ¿Para que sigan construyendo el parapeto que los ponga a cubierto de la frustración popular?, ¿para que nos sigan diciendo que lo más importante es que paguemos una deuda que nosotros no contrajimos?, ¿para que los mismos sigan ocupando los puestos que dan la posibilidad de legislar?, ¿para que las leyes emitidas sigan protegiendo a los que nos han robado la cartera?

Pues a mí me da que lo que hay que hacer es entregar el voto a quienes lleven en su programa, o en sus propuestas ideológicas, el rechazo al sistema. Y, si no, pues atengámonos a las consecuencias, como hasta ahora, ¿no?

O qué se creen ustedes.

4.10.12

La Recentralización

Desde las más oscuras simas del poder se ha iniciado una nueva Reconquista: La Recentralización. Y pienso explicarme.

Una de las más duras pruebas que ha tenido que sufrir la democracia, conseguida aquí a base de renuncias y generosidad, ha sido la de construir el Estado Autonómico. Desde aquel "¡Antes roja que rota!", invocado por las más reaccionarias fuerzas y mentalidades insurrectas en 1936, hasta la mera "descentralización" propugnada por Fraga Iribarne negando toda denominación nacional a los pueblos que conforman el Estado actual y que ha dado lugar a ese improperio formulado como "España, Una y no Cincuentaiuna", no habíamos asistido a un intento de descomposición del entramado de derechos como el que se nos viene encima.

Quienes se sienten herederos de los que triunfaron en aquella guerra ("Ganaréis porque os sobra fuerza bruta, pero no convenceréis", le dijo Unamuno al energúmeno de Millán Astray cuando éste gritó en la Universidad de Salamanca ¡Viva la muerte! y ¡Abajo la inteligencia!) esperan para España "un nuevo amanecer" con el sol saliendo por el Oeste, aunque sea, y se aprestan al asalto final.

Era un 12 de octubre de 1936 cuando el mutilado general fundador de la Legión y reciente golpista pretendió con aquella frase rendir culto a lo que entonces se denominó "Día de la Raza", en el aniversario del día en que Rodrigo de Triana gritó "¡Tierra!" desde la cofa de la nao Santa María al divisar la isla de Guanaaní, que Colón llamó San Salvador en 1492.

Por entonces España existía como concepto más geográfico que político y los reyes de Castilla y Aragón, Isabel I y Fernando V, decidieron que "tanto monta, monta tanto", porque la coyunda era necesaria para ocupar el reino taifa de Granada, en el que los moros llevaban siete siglos viviendo. Antes de que Isabel se cambiase la camisa tras tomar Granada, ya los dos monarcas de sus respectivos reinos se habían juramentado para acabar con los poderes locales de los señores feudales, algunos de los cuales incluso se habían aliado contra las pretensiones de Isabel y en favor de Juana, llamada "la Beltraneja", por el trono de Castilla.

Desde entonces, la historia de España se ha debatido entre el férreo centralismo auspiciado a pólvora y acero por los llamados Reyes Católicos y la recurrente reclamación de los antiguos reinos aniquilados, o anexionados por pactos, de las naciones ibéricas. De todas ellas sólo Portugal, que apoyó a Juana y había logrado sacudirse el yugo emblemático de la yunta castellano aragonesa con su victoria en Aljubarrota contra Castilla un siglo antes, se libró de ser conquistada.

No es una simple coincidencia el que Franco y sus epígonos, aprovechando la cutre parafernalia falangista que incorporaba el yugo y el haz de flechas de Isabel y Fernando a su bandera, resulten ser los más conspicuos defensores de un centralismo político que ha teñido la península ibérica de todo un muestrario de guerras, asonadas, cantonalismo, ocupación militar y un patrioterismo de lo más ramplón. Su culminación fue la victoria militar de los golpistas Sanjurjo, Mola, Millán Astray, Cabanellas, Aranda y Franco, entre otros, con el inestimable apoyo económico del principal financiero del país, Juan March, y los manejos clandestinos de Bolín y Luca de Tena, entre otros conspiradores.

Y es que la derecha (hoy dirigida, como entonces, por su brazo financiero) ha sido siempre centralista, más aún que fascista. Si Companys no hubiese proclamado antes el Estat Catalá, ni se hubieran hecho los estatutos de autonomía Vasco, Gallego y Catalán durante la II República, la guerra, de haberla, se habría hecho sólo contra los rojos. Pero conviene no olvidar que la Guerra Civil no se hizo directamente contra la República sino contra la "desmembración" del Estado Unitario que en su día pretendieron los Reyes Católicos. El Águila Imperial, que sujeta fuertemente entre sus garras el yugo y el haz de flechas, simbolizó la voluntad de los vencedores de consolidar aquella España, Una, Grande y Libre (Una, porque si hubiera otra nos íbamos todos para ella; Grande, porque cabíamos 40 millones de españoles y los americanos de las bases, y Libre, porque en las quinielas podías poner 1, X o 2, se decía en los años 60), y se expresó en la posguerra con la persecución de cosas tan relevantes para el "fascio" ("haz", como el de las flechas) como los idiomas "no cristianos" catalán, gallego y euskera.

Pasaron unos años y dos descerebrados, Miláns del Boch y Antonio Tejero, se alzaron en armas contra el "desmadre autonómico", movidos por su incapacidad para comprender que un Estado puede ser plurinacional y repartir la soberanía del pueblo del modo que mejor lo represente. Franco nos legó aquel "atado y bien atado" que muchos creían superado. Pero, como el ave fénix, el ancestral miedo a la periferia de quienes no son capaces de comprender que existe el derecho a la diferencia renace de sus cenizas, aprovechando cualquier coyuntura que le favorezca.

Y, como siempre ha sido, si hay un problema es necesario hacerlo insufrible para que se permita el desafuero de acabar con él a sangre y fuego, si fuera preciso. Y la coyuntura se ha presentado como por ensalmo: el mundo globalizado ha ido creando esta crisis, que si es financiera serán los financieros los responsables, para ofrecer campo al más ramplón centralismo unificador y desarticular la democracia, con el inestimable apoyo de algunos que se han subido a la política como se subirían a una cucaña en pos del premio que hay en su extremo.

Ya la reacción tiene su Némesis y cabalga, a lomos de una pretendida austeridad, contra "el despilfarro autonómico", aprovechando que aquí hemos decidido poner a la zorra a cargo del gallinero dejando nacionalidades y regiones mayormente en manos de quienes nunca creyeron en ellas, pero les sirven para ampliar el chiringuito pastelero.

Pero si del consenso que alumbró la Constitución de 1978 se derivó una cierta sensación de aceptación de los hechos diferenciales dentro del Estado, la caverna centralista jamás lo aceptó de buen grado y se dedicó a poner chinitas en el engranaje, por ver si lo descalificaban los jueces.

Con lo de la crisis, todos los lobos cavernarios se han echado encima de las autonomías considerándolas una presa fácil, con el argumento de que resultan un despilfarro que no podemos soportar. Que eso no sea cierto y que sea la deuda privada (la de los bancos) la más significativa, y que sean esos bancos los que han sobrefinanciado algunos excesos de las autoridades autonómicas no deslegitima el modelo pero sí su crítica interesada.

Detrás de este ataque a los que ellos consideran flancos débiles de la estructura del Estado está una profunda convicción antidemocrática. Las fuerzas reaccionarias (esas que están acojonadas por la libertad para que todos mejoren, que no entienden la licitud de la voluntad popular, que sólo ven amenazas en la diversidad porque son unidireccionales y de pìñón fijo) están aprovechando el revuelo de la crisis para, por ejemplo, tratar de limitar el derecho de manifestación o inmiscuirse en la privacidad sagrada controlando incluso los desplazamientos en tren por si van a las manifestaciones.

Recuerdo que, poco antes del zambombazo del 11-S, un senador republicano estadounidense publicaba un artículo, que reprodujo El Mundo, en el que aireaba arrogantemente su desprecio por "esa ola de liberalismo que nos invade". Venía a decir que la sociedad americana estaba adormeciéndose, con tanta libertad, tanta permisividad, tantos derechos colectivos, tanta protección social, y había que tomar cartas en el asunto. El ataque a las Twin Towers significó el punto de inflexión, a partir del cual los norteamericanos aceptaron cambiar libertad por seguridad.

Y, como todo imperio exporta sus miedos para no sentirse solo en el temor, el frente anti libertad y anti diversidad se ha ido extendiendo por el mundo a lomos de una crisis financiera con la que se pretende devolvernos a la primera mitad del siglo pasado, obligándonos a devolver derechos sociales consolidados, y a pagar los desmadres de quienes hoy han sido colocados en los puestos desde los que mejor dirigir el ataque a la democracia.

Si hay alguien que crea que la situación que vivimos es fruto de la casualidad o de la concatenación de circunstancias imprevisibles, para mí que es un ingenuo. Nos encontramos en medio de una vastísima conspiración dirigida a reorganizar la acumulación de capital que se había repartido en exceso, a recuperar la parte del león de las plusvalías del trabajo y reponer el tapete de la mesa de ruleta para que los beneficiarios de este desafuero puedan seguir jugando a apostarse nuestros cuartos, embolsarse las ganancias y obligarnos a sufragar las pérdidas. Y para ello han de dinamitar todo lo construido por las democracias representativas que, mal que bien, no pueden dejar demasiado de lado las aspiraciones populares.

Y ahora, desde la parte más cavernaria de la caverna, se mesan los cabellos y se rasgan las vestiduras porque el Barça se reivindica como equipo catalán y exhibe sus símbolos en el Camp Nou. Han sido siempre los débiles, los escandalizados por la normalidad e incapaces de comprenderla aunque no la compartan, quienes enarbolan banderas como armas arrojadizas contra quienes consideran ajenos, mientras les reclaman que sean suyos. No es que estén en contra; es que no lo entienden. Y de este "escándalo de débiles" es responsable el escandalizado.

Si el estado autonómico, la peculiaridad de las que la Constitución nombra como Nacionalidades Históricas y los idiomas no castellanos, no prevalecen, creo que será el momento de iniciar un nuevo éxodo y buscarse aires mejores, porque aquí habrá triunfado el interés de unos pocos en contra del bienestar de la inmensa mayoría.

Y, si no, al tiempo.

23.9.12

Os defensores do mercado

Chama a atención como os defensores do mercado e da libre empresa, pagados polos nosos impostos, non dubidan en utilizar a administración pública para facilitar negocios privados. Vexan senon: Nuñez Feijoo consegue barcos para Barreras  e Javier Guerra viaxa por Europa presentando coches de  Citroën feitos ademáis con subvencións da Xunta. Os accionistas e os amigos dos accionistas como ise personaxe que preside a confederación e empresarios de Pontevedra, non paran de loubar  o ben que o fan estes comerciais de luxo.  Os accionistas cobrarán uns miles de euros máis e ninguén protestará decindo que son uns intervencionistas que distorsianan o mercado.   

17.9.12

Hai catro anos tamén eramos anticapitalistas

Marcos Andión, alá polo 16 de outubro de 2008, anticipaba en Vigoblog o que xa coñecemos que ocorreu, que está a ocorrer.
Non está mal, de cando en vez, repetilo (por aquelo de que non pasen catro anos máis):

Quería resistirme, pero es imposible hacerlo con lo que está cayendo. Hablemos de economía política, porque parece que en el ambiente no hay otra cosa.
Alguien se preguntaba, en un post anterior, qué dictadura es más injusta si la de los comunistas o la de los capitalistas. ¡Atame esa mosca por el rabo!
Trataré de echarle al asunto mera racionalidad, a la luz de lo que cualquiera puede percibir de cómo es esto.
Para empezar, habrá que decir que lo jodido del dilema es que no se trata de qué dictadura es más injusta, sino cuál es más eficiente.
En estos términos está planteada la cuestión porque, por definición, una dictadura es la imposición de una forma de ver el tinglado, mientras que, en puridad, una democracia es un sistema en el que, acertada o equivocadamente, vamos dando tumbos con cargo a los ciudadanos.
El éxito temporal de las dictaduras es que siempre habrá quienes piensen que alguien tiene que tomar las decisiones y, si se corresponden con sus esquemas, las apoyará, hasta que el dictador decide que es él quien manda y aquellos en los que se apoyó comienzan a pensar que, tal y como la han dejado, la democracia formal es más rentable.
Lo malo de una democracia es que no sé por donde anda, porque últimamente lo que hemos dado en llamar democracia tiene un tufo a oligocracia que apetrena; la libertad sigue empantanada y con la pregunta de Lenin, "Libertad para qué", sin responder a satisfacción.
Lo que sí me parece claro es que, dictatorial o democrático, el capitalismo ha demostrado su incapacidad para arreglarnos la existencia a satisfacción de la mayoría.
Ayer mismo, en un debate de los que inundan las recepciones catódicas, alguien decía con un deje de sorna intencionado: "Ahora resulta que vamos a dejar la banca en manos de los políticos". Lo decía a propósito de que a la palestra había saltado la cuestión esa de quien vigila al vigilante y preconizaba la entrada del Estado en los consejos de administración de los bancos que se beneficiarían del "rescate" con dinero público.
Juro por San Pancracio ( que dicen que es el que trae el dinero) que se me saltaron todas las bisagras que suelo utilizar para abordar las fintas ideológicas. La frase se decía desde esa derecha que sufre erecciones capilares cuando se habla del Estado. Lo primero que se me ocurrió es lo mismo que se le ocurre a cualquiera que se pare a pensar: posiblemente será chungo eso de que los bancos se queden en manos de los políticos, pero es seguro que estando en manos de los banqueros salimos escaldados. ¿O no?
A ver si nos aclaramos, señores y señoras; ya sé que zapatero a tus zapatos, pero lo que han demostrado hasta ahora los "eficientes" banqueros es que, si seguimos confiando en ellos, acabaremos por pagarles las juergas en Bora-Bora o en las Seychelles para no caer en las pérfidas e inexpertas manos de los políticos.
Mire usted (que diría uno de esos políticos), tal y como están las cosas, los políticos tienen por demostrar que llevarán mal el sistema financiero; los banqueros, ya lo han demostrado, en el 29, o en el 86, o en el 91 (no sé si cito bien las fechas de los "lunes negros" de las últimas décadas). Han demostrado que si les dejamos el dinero se lo gastan en francachelas y luego nos piden más para que no se hunda la economía.
Pero si los que rigen el sistema financiero globalizado llevan más de dos siglos hundiendo la economía cada 30 o 50 años... Como para que les demos más dinero con el que pagar menos a los que cobran por trabajar, empleando el eficacísimo sistema de hacer muchos parados para que se anden con menos remilgos a la hora de aceptar sueldos de miseria.
Son los que andan escandalizándose por la amenaza del crecimiento del desempleo, que han permitido con su "confianza" en el sistema financiero, los que se aprovecharán de que crezca la "famélica legión". Porque tanto estado del bienestar, tanta socialdemocracia, lo que ha hecho es que los trabajadores se apoltronen creyéndose que van a poder seguir mejorando sus condiciones de vida indefinidamente, y hay que darles una pequeña sacudida para desentumecerlos.
¿Que usted pretende tener un trabajo para toda la vida?, ¿que con su esfuerzo va usted a vivir mejor cada año? Está usted de coña. Para ese tipo de fantasías tiene el sistema fórmulas dialécticas para dar y tomar. Y es que, claro, todos quieren ganar más y, así, los que pagan acabarán por ganar menos. Y ¿sabe usted a como está el beluga en la plaza?, ¿y el Ferrari? No, mire usted; para que pueda pagarle un salario, tengo que cuidarme muy mucho de que este año yo gane mucho más que el anterior, porque en caso contrario nadie me va a fiar, no me van a descontar en los bancos ni me van a dejar un dinero que es de usted para que yo pueda seguir jurando que se lo devolveré. Y, si no puedo devolvérselo, usted se va a la calle, porque esto quiebra, y yo me voy a Suiza, a repasar las cuentas (las corrientes y cifradas, no las del rosario). Y, para cuando con su dinero se haya solventado el problema, ya me saldrá más barato volver a contratarlo, o no, que me va a sobrar peña para currar por lo que sea, hombre de dios.
Eso es, más o menos exactamente, lo que se entiende por los ciclos del sistema. O sea, un ciclo expansivo, en el que se acumula el capital como consecuencia de una producción a todo trapo, seguido de un ciclo depresivo, en el que se exprime el trabajo como consecuencia de que ya se produjo de más en el ciclo anterior.
La única conclusión razonable es que el capitalismo es un sistema intrínsecamente perverso. Que no hayamos dado con otro más eficiente no significa que sea bueno para todos, aunque lo sea para algunos.
¡Píntamelo de verde!, fue la respuesta de aquel a quien el Diablo retó a pedirle algo que no pudiera hacer, despues de tirarse un pedo. Pues eso. Texto en Vigoblog 16.10.2008

23.8.12

decidida, palante


... a pesar de todo, continúa, claro que sí.

20.8.12

Free Pussy Riot!

21.7.12

Abel Caballero ¿defende aos funcionarios?: sobre a manifestación do 19-X en Vigo

O capital financeiro, cos seus intérpretes da política ultraliberal, teñen decidido acabar coa administración pública española, arrasar cos servizos públicos de contido social, e tirar rendemento, mediante a privatización, daqueles dos que se poida detraer, para mans privadas, un beneficio económico, expoliando as arcas públicas. Poucos rendables quedan xa por privatizar, pois os partidos políticos gobernantes (en tódolos niveis das Administracións) no Estado español, nestes últimos 30 anos, adicáronse a poñer en mans das grandes empresas especializadas no saqueo dos bens públicos (sexa FCC, CESPA, Repsol, Endesa...), aqueles servizos e infraestructuras básicas das que depende o benestar da poboación: abastecemento e saneamento de augas, xestión de residuos sólidos, redes de transportes, viarias e de enerxía, mantemento dos espazos públicos..., primeiro; Educación, Sanidade e Servizos sociais, tamén no punto de mira agora.

Aquelas prestacións que sexan susceptibles de produciren rendementos económicos, foron e serán privatizadas e exprimidas ao tempo que, para xustificalo, se degradan os servizos a cargo de persoal estatutario. As formas de entregar este enorme patrimonio van, dende a venda descarada a prezo de saldo das empresas públicas, ata as ocultas tras as grandes concesións administrativas de servizos básicos.

Aqueles outros encamiñados á dignificación das persoas e apoio aos máis desfavorecidos, sen capacidade de xerar grandes beneficios particulares, serán, sinxelamente, explotadas polos mesmos,  en forma de xestión directa con contratos de servizos coa administración, no mellor dos casos, ou amortizadas, sen máis, para utilizar o aforro en pagar débeda.

É neste contexto onde penso que hai que situar a demonización da función pública, a desaparición de miles de postos de traballo na Administración (pola vía de deixar a 0 a taxa de reposición de efectivos, antes, cos EREs e despidos que virán agora) e o atraco brutal ás retribucións dos empregados públicos. Medidas todas elas que, máis alá da expresa intención de recortar o gasto público (máis?) e aminorar o déficit, van encamiñadas, especialmente, ao debilitamento extremo das Administracións públicas, mediante a desmoralización e precarización dos seus empregados e a degradación da calidade dos servizos para a comunidade, o que construirá, finalmente, a coartada para a súa desaparición ou entrega a unha eficiente iniciativa privada.

O plan ultraliberal de bonsaización do Estado, de eliminación de toda cortapisa xurídica á actuación dos mercados e de toda posibilidade de planificación por parte dos gobernos democráticos (desaparecidos de feito ao transformárense en descarados intermediarios oportunistas do capital), está, agora, máis cá nunca, en marcha, achuchados os mercados pola necesidade de acelerar o brutal traspaso das rendas do traballo ás do capital, provocada pola avaricia e os desfalcos do seu sector  financeiro, borracho de poder coa claudicación dunha resistencia firme organizada por parte da poboación.
O papel dos partidos gobernantes na degradación da Administración Pública
Dito isto, un non pode obviar o papel que xogaron e xogan os partidos que gobernaron e gobernan nos distintos niveis da administración estatal, autonómica, provincial e municipal, no debilitamento e degradación da administración pública. A chegada ao poder dunha caste de oportunistas especializados na parasitación do Estado, ocupados só de satisfacer intereses corporativos (no mellor (?) dos casos), ou descaradamente particulares, teñen convertido a unha parte significativa do noso aparato de dirección e xestión público, nunha instancia privilexiada para a corrupción e o nepotismo.

Alleos, ou directamente de costas aos intereses xerais, e mesmo aos seus propios posicionamentos políticos (a dereita ou a esquerda liberal -¿houbo outra con poder institucional nos últimos 20 anos?-), fixeron unha constante do malgasto, dos bancos de favores, do desprezo polo principio de legalidade, da ignorancia interesada dos principios de mérito e capacidade no acceso á función pública. Case sen excepcións, empeñáronse na creación dunha administración paralela, na que se accede sen máis capacidade nin mérito que a proximidade política (cada vez menos) familiar ou persoal (cada vez máis). Miles de asesores sen máis capacitación cá da sumisión ao cacique do partido de turno, multitude de novos contratados laborais sen que mediara unha oposición coas mínimas garantías de obxectividade acabaron engordando servizos innecesarios en detrimento da dotación profesionalizada daqueles que realmente si son importantes.

Nesa práctica, deixaron na cuneta, necesariamente, a miles de funcionarios profesionais que, conscientes do mandato estatutario e constitucional de independencia, non se prestaban debidamente, en defensa obrigada dos intereses xerais, ás esixencias dos intereses particulares e cortopracistas dos oportunistas situados nos distintos niveis da decisión política. Púxose no seu lugar a aqueles máis dóciles ou aos estómagos agradecidos dispostos (por activa ou por pasiva) a renunciar ao mandato de "eficacia indiferente" dos cidadáns, ou, sen complexos, a asesores nomeados a dedo.

A práctica da “libre designación” avanzou ata chegar aos niveis de xefes de sección ou servizo, xa non contentos conque os postos de alta dirección fosen só para os amigos ou os socios. Acabaron coa carreira profesional dos funcionarios e inauguraron a carreira cutre dos especialistas no lambeculismo cos de arriba e despotismo cos de abaixo.

Que facía Abel Caballero encabezando a manifestación en Vigo?
Vén isto a conto do fondo desprezo que nos produce ver defendendo aos funcionarios, na cabeza da manifestación de antronte en Vigo a personaxes como Abel Caballero, alcalde de Vigo que:

Na súa etapa como presidente da Autoridade portuaria contratou sistematicamente a afiliados ou familiares do seu partido, o PSOE. Almas agradecidas que logo votarán nas asembleas locais como ordene o benefactor.

Como alcalde de Vigo, contrata sen praza nin proceso selectivo nin función coñecida ningunha, a unha cohorte de case dunha vintena de supostos asesores, vinculados directa ou familiarmente co PSOE vigués, que se encargan de facer sombra á debilitada estructura profesional dese Concello;

Como é máis que sabido polos que traballan na Casa consistorial viguesa, despreza, no fondo e na forma, aos funcionarios (relevados na toma de decisións pola cohorte de achegados asesores),  substitúe nos seus postos a aqueles que non se pregan aos seus mandatos arbitrarios, degradando á administración municipal ao desprezar os principios de mérito e capacidade; contrata asistencias técnicas ou servizos aos amigos, unta á prensa local e contrata aos poucos cantidades millonarias á súa empresa de publicidade amiga, Ecovigo...

Mima ás concesionarias de servizos públicos, que se enriquecen a costa dos nosos impostos, en lugar de controlalas (¿quen controla a quen?), e prorroga escandalosamente -proporcionando uns inormes beneficios ás mesmas- ás concesións do servizo de abastecemento e saneamento da auga  (Aqualia-FCC) (o que lle costou o posto ao interventor municipal, por informar da necesidade dun control financeiro previo desa empresa) ou do Auditorio/Pazo de Congresos (UTE Caixanova e Sacyr) e, axiña, farao co leonino contrato que mantén aferollado o transporte público dende hai décadas VITRASA.

Como xa facía na súa etapa como presidente da Autoridade portuaria de Vigo, utiliza os plans de emprego financiados pola Xunta, como instrumento do banco de favores, contratando a persoas próximas politica ou familiarmente ao PSOE, ou ás burocracias sindicais enquistadas na Praza do Rei. Para o éxito de tal cometido, paga, por poñer só un exemplo, dous soldos de xefaturas de servizo a un coñecido militante da UXT local (e ex-presidente do comité de persoal municipal), que por todo mérito coñecido -ademais do de carecer de carreira universitaria superior-, ten o de haber comezado a súa carreira profesional nos grupos máis baixos, para acabar, sen oposicións que podan chamarse tal, no cumio do escalafón directivo e retributivo municipal.

Que facía Abel Caballero antronte encabezando a manifestación dos funcionarios vigueses?: desprestixialos.

17.7.12

Non é a crise, é a ideoloxía!!!

Decir que a alteración das normas de funcionamento da radiotelevisión pública española obedece a intereses ideolóxicos da dereita gobernante constitúe unha obviedade. Que no cese de J.R.  Lucas non intervíu nin Merkel nin os homes de negro sabémolo todos.
Tampouco a troika dixo nada respecto da nova normativa de Costas que vai agravar o desastre do noso litoral favorecendo a propiedade privada fronte a uso público. Trátase do programa privatizador da dereita agachado na campaña electoral e posto en práctica de forma arrogante desde o BOE.
Atacar a educación pública (porque a dereita non ataca á educación privada;  non lle escoitamos decir que deberíamos "adelgazar" a educación eliminando solapamentos nos servizos e creando sinerxias mediante a inclusión dos centros financiados con fondos públicos nunha rede con unidade de xestión ) pois  atacar á educación pública forma parte do programa de resolución da crise mediante o afondamento das desigualdades deixando a unha boa parte da poboación fora das posibilidades de exito escolar reservando asi os escasos postos de traballo cualificados só para os fillos das clases privilexiadas. Esto é ideoloxía pura e dura é non ven imposto pola crise, mais ben a crise é un excelente oportunidade para levalo á práctica.
Ideoloxía é seguir mantendo un sistema financieiro que funciona a base de enganos, perdas enormes e fraudes pesía ser dirixido por eminentes "figuras" que son premiados con retiros dourados ou nomemamentos ministeriais. Ideoloxía é pensar que uns naceron para tomar decisións e beneficiarse e outros so sirven para pagar os desmáns. Non é certo que todos sexamos culpabeis, hai uns reponsabeis e uns beneficiados pero despreciando as regras democráticas pasean a súa impunidade diante de todos.  Esa é a ideoloxía que nos goberna, a causa do paro e o empobrecemento da nosa sociedade.
Asi que señores e señoras gobernantes,  non é a crise, é a ideoloxía estúpidos! 


13.7.12

¡Que se jodan!



La blonda diputada del PP señora Fabra (vaya apellidito salpicado), en un arranque de sinceridad parlamentaria, nos ha puesto, negro sobre blanco, lo que está pasando. Mientras Rajoy  "informaba" sobre lo que nos va a echar encima a los de siempre y soportaba algunos gritos camerales procedentes de las bancadas del PSOE, dijo lo que ya sabíamos que se piensa en su entorno político: ¡Que se jodan!, nos dijo a todos.

Cazada por las cámaras, no se le ocurrió decir otra cosa que no se dirigía a los trabajadores, sino a los diputados del PSOE. ¡Será imbécil! Porque si se cree que los imbéciles somos todos nosotros es que su imbecilidad ya no tiene cura.

Algunos, la señora Fabra, el De Guindos, el Montoro, el Rajoy y los demás de la pandilla, siguen convencidos de que el mundo ha sido hecho para los ricos y que el papel de los demás, en esta opulenta sociedad, es proporcionar los instrumentos de enriquecerlos, a ellos o a los que ellos sirven como vasallos bien remunerados.

Y es que desde que el mundo es mundo, toda sociedad es impulsada a considerar que el interés popular es que el poderoso siga siéndolo, a la espera de ir ascendiendo en el escalafón y llegar a ser poderoso. Nadie ha echado la cuenta de que sólo algunos, para dar cobertura a la sumisión a la que nos obligan, son llamados a ese ascenso social; la inmensa mayoría sólo puede mantener sus constantes vitales con el permiso de quienes cortan el bacalao. Pero lacayos (conscientes o inconscientes) siempre hubo y se esfuerzan en convencernos de que siempre habrá.

Qué sabrán ellos de la buena administración de lo que es de todos. Ellos están convencidos, como lo estaban los vasallos de que los reyes lo eran por designio divino (el propio Franco se autotitulaba "Caudillo de España por la gracia de Dios", vamos, una gracia no, una coña), de que no hay nada que hacer y que los pobres estamos aquí para servir a sus beneficios.

¿O es que no sabíamos que quienes, desde su atalaya, veían venir la crisis no corrieron a blindar sus posesiones, con el beneplácito de quienes siguen usándolos para que les sirvan de parapeto. Claro que lo sabíamos, pero la mayoría confiábamos en que, "santa Rita, santa Rita, lo que se da no se quita" mediante, lo conseguido con sangre, sudor y lágrimas no nos sería requisado. ¡Y una mierda!, digo yo.

Un sistema perverso


Pues mientras no aceptemos que el sistema es perverso en sí mismo y que mientras los poderosos puedan ver incrementado su poder los demás podemos ir aprovechando las migajas que caen de su mesa y, además, les estemos agradecidos, seguiremos con el único recurso a las lamentaciones. Claro que ellos, cuando ya han concedido lo que consideran demasiado, hacen lo que hicieron siempre y le llaman "crisis", "depresión", "recesión" o, simplemente, "un ciclo económico". Porque la economía tiene sus ciclos, ¡je, je!, ¿lo sabían?

Todo esto es el resultado de que los bancos alemanes son los que están presionando para que se les devuelvan unos dineros que nunca debieron haber prestado a los bancos españoles para que éstos nos insistieran en que podíamos ser propietarios a base de dejarnos más dinero del necesario para la compra, porque en lugar de pagar mucho cada mes nos permitían pagar la mitad en el doble de tiempo.

Cuando crecía el boom inmobiliario, cualquier banco te rodeaba para que dejaras de ser un pringao pagando un alquiler a otro cuando, por el mismo desembolso mensual, podías ser propietario; o te aseguraban que no había ningún sitio mejor para guardar tu dinero que suscribir unas "preferentes". Y, aparentemente, así era.

¿Y que pasó? Pues que decenas de miles de "propietarios" acabaron encontrándose en la calle, sin piso, sin empleo y debiéndole todavía al banco una pasta porque el inmueble aquel que te habían jurado que valía 40 pero que te insistían en que aceptaras 50 en préstamo, ahora ya no vale ni 20. Claro que, después de quedarse con el piso que ya casi habías pagado, ponen éste en sus balances con el valor anterior. Es decir, que para que les pagues, el piso no vale una mierda, pero para justificar su capital, dicen que vale lo que en su día tasaron como su valor.

Y todo eso no es porque los gestores del sistema financiero sean una canallas de órdago (que también), sino porque son los que manejan los trastos del brujo y, como en el cuento, el aprendiz monta un pifostio de bigotes cuando se pone a jugar con aquellos trastos.

Finalmente, para los que aún no han caído de la burra: los responsables de que esto vaya tan mal no están dispuestos a cortarse los cataplines, porque disponen del instrumento subsidiario llamado democracia representativa, cuyos servidores (con escasísimas excepciones y más escasa representación parlamentaria) harán lo que se les diga, como si no hubiera otra forma.

Y, desde luego, no la hay para que todo siga como siempre. Ya lo dijo Lampedusa en su Gatopardo: "Algo debe cambiar para que todo siga igual".

En fin, como dijo la diputada en su oportuno arranque de sinceridad, ¡hay que joderse!, ¿no te jode?

3.7.12

De democracias y corrupciones

Hace tiempo ya que vengo haciéndome unas preguntas cuyas respuestas siguen sin acercárseme. La primera, y probablemente la más difícil de responder, es si corrupción y democracia son términos que, lejos de contraponerse, se complementan. Es más, puede que no exista democracia sin corrupción, aunque la corrupción se ha revelado más poderosa y puede existir sin democracia.
Naturalmente me estoy refiriendo a esto que hemos dado en llamar democracia representativa, que no es otra cosa que la cesión de soberanía de cualquier individuo a una forma organizativa que necesita del individuo pero no desea tener que soportar su presencia. Así llegó a darse aquello que conocimos como "despotismo ilustrado", que venía a matizar el aforismo democrático del "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", añadiéndole el hallazgo aquel de "pero sin el pueblo".

Si repasamos la historia, desde el Código de Hammurabi hasta nuestros días las referencias a la corrupción son continuas, tanto se refieran a regímenes en los que se hacen elecciones todo lo libres que somos capaces de soportar, como en los que sólo podemos elegir entre el 1 la X o el 2 a la hora de hacer la quiniela.

El problema, hoy por hoy, es que somos muchos y, por si fuera poco, tendemos a "amucharnos" juntándonos en las ciudades, y, claro, así no hay forma de habilitar fórmulas organizativas muy operativas en lo inmediato. Y nos hemos ido cargando de instituciones, las cuales, siguiendo la ley universal de la inercia, o sea del mínimo esfuerzo, han ido produciendo pseudópodos en forma de sub instituciones, plataformas, agrupaciones, etc., con el supuesto fin de alimentar de abajo arriba la pirámide del que, no sé por qué, hemos dado en llamar autogobierno.

Debo comenzar por decir que aquí no se autogobierna ni dios. Ni la propia economía doméstica debe su discurrir a nuestra voluntad, sino a los designios de quienes han logrado convencernos de que disponer de una ingente cantidad de posibilidades de optar en materia de consumo es el mejor camino a la satisfacción personal.

Y, así, hemos transitado desde el ágora griega, pasando por la Revolución Francesa, la soviética, la Trilateral, el Club Bildemberg o los Mercados, cediendo y cediendo la soberanía que todos los escritos referidos a las formas humanas de organización adjudican al pueblo, entendido éste como la suma de los individuos que se aglutinan en un ámbito geográfico que hemos dado en llamar nación, estado, país o comunidad.

Pero es lo cierto que, conforme ha ido aumentando la población, quienes recibieron la encomienda de manejar los trastos del brujo para mejor administrar los bienes comunes y hacer frente a los males de todos o de algunos, se han ido percatando de que, en el fondo, la atención a los administrados (sean súbditos, ciudadanos, paisanos, contribuyentes, electores o meros consumidores) ha resultado siempre molesta y, además, es evitable.

El caso es que, por lo que se ve, nos han ido convenciendo de que no sabemos cuidar de lo nuestro; que esos mismos a los que les confiamos la buena administración no sólo de los bienes comunes sino también de los particulares resultan más aptos para procurar nuestro bien que nosotros mismos.

Creo que en el origen del concepto hay verdad, pero ésta se ha ido diluyendo en lo que Graham Greene llamó "el factor humano". Es decir, que todo individuo revestido de suficiente capacidad para hacer de su capa un sayo acaba por hacerse un guardarropa con los tejidos ajenos.

Hubo un tiempo, cuando éramos clandestinos y nos obligábamos a saber cosas sobre organización social y buen gobierno, en el que era imprescindible distinguir entre "estatal" y "público", entre público y privado, entre lo que es de todos y lo que no es de nadie (?).

Hoy han logrado difuminar los límites de esos conceptos, y la avaricia ha triunfado política y socialmente; hasta el punto de que ya casi nadie es capaz de discernir entre el éxito y la forma de conseguirlo. Hay una especie de papanatismo social que impele a considerar inteligente, capaz y meritorio cualquier éxito económico, sin reflexionar sobre cómo se logran algunos éxitos. Lo cierto es que no hay que salir de este Vigo de nuestros pecados, ni remontarse a lejanos escenarios temporales, para comprobar que algunos éxitos no son tales sino que son el fracaso de quienes han acabado por sufrirlos.

Y es que el punto a que ha llegado la organización social del que se considera Primer Mundo, como consecuencia de esta moral del éxito, está resultando inasumible. ¿De verdad hay quien piense que el torpe manejo (como se demostró) de nuestras finanzas justificaba las pornográficas remuneraciones de cualquier dirigente de cualquier banco? ¿Por qué hemos aceptado bovinamente que un jefecillo de una Caja de Ahorros pueda ser remunerado en cantidades diez o cien veces superiores a las de un jefe de taller de Citroën, por poner un ejemplo? La razón es bien sencilla: En Citroën hay que hacerlo bien cada día, porque se vigila la producción; pero en el sistema financiero nadie vigila al vigilante, porque parece que hemos aceptado que entidades sin responsabilidad, como "los mercados", disponen de una inteligencia superior a la de cualquier individuo (el bueno de Adam Smith y sus epígonos de la Escuela de Chicago son culpables de ello) no iniciado en los arcanos del sistema.

¿Veremos alguna vez a "los mercados" sentados en el banquillo de los acusados, por hacer ganar muchísimo dinero a unos pocos a base de quitárselo a muchos? Pues eso es lo que está pasando ahora. Mandemos a la mierda a todos esos que se autotitulan expertos economistas, incapaces de señalarnos el buen camino común en cuanto colisiona con la voracidad de aquellos pocos, y no sigamos creyendo que quienes nos han hecho víctimas de su avaricia, y vienen ahora a decirnos que si queremos regresar al "bienestar" de los años "cincuenta" tenemos que pagar su riqueza de nuestros bolsillos, van a sacarnos de ésta.

Pero, como ellos son los que saben y nosotros somos unos ignorantes, se empeñan en que aceptemos que sus escandalosas remuneraciones son merecidas, no porque nos hayan ayudado a prosperar sino porque "es muy duro" y requiere "mucho saber e inteligencia" manejar ingentes cantidades de dinero (con el que se corrompen) para su beneficio personal y hacerlo pasar por un esfuerzo dirigido a procurar nuestro bienestar.

Y ustedes perdonen por estas divagaciones, pero es que ya no me puede el cuerpo ante la desfachatez de algunos aferrándose a sus latrocinios como si hubiesen merecido el resultado, mientras se desgañitan (ahora no, que ahora los del escalón intermedio andan en paradero desconocido con el riñón forrado, mientras los de los peldaños de arriba presiden gobiernos, como Mario Monti, en la seguridad de que la vieja "democracia" no es más que el sudario con el que se oculta a la vista la putrefacción del cadáver) apostando por la moral del esfuerzo, el mérito y la capacidad.

En resumidas cuentas: hay que dejar atrás el papanatismo que nos han inoculado y expresar en público el desprecio por todos esos que, con sus nombres y apellidos, ustedes conocen bien. Mi concepto de la Justicia me impide no desearles lo peor, humanamente hablando, porque estoy convencido de que de ello sólo nos pueden venir bienes. Incluyendo a quienes, como insisten en que todo era legal, se iban de largos fines de semana a Pénjamo o Sangrilá, cargándonos las facturas en la convicción de que no nos enteraríamos. Y luego regresaban, orondos y satisfechos, a administrarnos la justicia o los cuartos. ¡Puag!

¡Uf! Algo más relajadito me quedo.

25.6.12

contra directivos de Novacaixagalicia

A presuntos delincuentes como Julio Fernández Gayoso y secuaces les está llegando la hora de rendir cuentas ante la sociedad. ¡Bien!

15.6.12

¿As débedas sempre deben pagarse?

Daniel Gómez-Olivé i Casas, investigador / Observatorio de la Deuda en la Globalización
Fonte: Diagonal web

Alguien dirá que las deudas siempre deben pagarse. De hecho, al pago de una deuda también se lo denomina “honrar” una deuda, ya que parece que se trata de algo más que de un mero retorno: se trata, ante todo, de cumplir con una palabra dada. No obstante, en realidad, la exigencia del pago de una deuda –sobre todo cuando se trata de una deuda soberana– debería depender de cómo se originó, de quién la contrajo, bajo qué condiciones y para qué beneficios. En caso contrario, sería injusto reclamar al pueblo que se hiciera cargo de deudas que en ningún caso contrajo y/o que no le aportaron beneficio alguno.

Injusto y tal vez ilegítimo. En el caso de la deuda pública española parece, como en tantos otros tantos casos (léase Grecia, por no citar a cualquiera de los países empobrecidos) que nos encontramos con deudas públicas que podrían considerarse ilegítimas (por cuanto todavía no se las puede considerar ilegales). Ilegítimo es un término que conlleva connotaciones morales o éticas, pero que a veces pueden tener más fuerza que el mismo peso de la ley. Ilegítimo es recortar los presupuestos de educación y sanidad en 10.000 millones de euros y pocos días más tarde salir al rescate de Bankia estando dispuesto a condonarle deudas por valor de casi 4.500 millones de euros y apoyarle con más de 19.000 millones. Ilegítimo es estar dispuesto a nacionalizar deudas que fueron contraídas por promotores, constructores y banqueros, que se beneficiaron con la especulación inmobiliaria, y no honrar el pago de servicios sociales básicos. Ilegítimo es avalar el pago de deudas que fueron contraídas por aquellos que nos llevaron a esta situación de bancarrota por el simple hecho de que las contrajeron con la banca alemana, francesa o norteamericana (avales que en el caso de Bankia se estiman en casi 30.000millones) y no garantizar derechos sociales básicos que creíamos garantizados de por vida. Ilegítimo es permitir que el señor Blesa y el señor Rato hagan negocios con el ladrillo con sus colegas de partido (léase Esperanza Aguirre, Juan José Olivas o Francisco Camps), de forma totalmente irresponsable, y que ahora, cuando el castillo de naipes se está desmoronando, no se les exija responsabilidad alguna –ni a unos ni a otros– por este desaguisado. Ilegítimo es que el Gobierno esté mezclado y viciado con aquéllos que tienen intereses económicos y que parezca que ahora tan sólo le preocupe encontrar la manera de cómo ayudarles a pagar los platos rotos de su fiesta con nuestro dinero. 

Por todo ello, parte de la sociedad española está reclamando la suspensión unilateral de pagos, acompañada de una auditoría de la deuda que permita conocer su origen, repudiar toda la deuda ilegítima y encausar a los responsables, tanto nacionales como extranjeros, que han llevado al país a la bancarrota. Esta parte de la sociedad civil, organizada bajo la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda ¡No debemos, no pagamos!, es consciente de la necesidad de construir un camino ciudadano por el que sea posible un cambio en la correlación de fuerzas para poder auditar la deuda.

Así, al igual que se ha hecho en otros países que llevan años sintiendo el golpe de la deuda, como es el caso de Ecuador, se hace necesaria una auditoría que explique cómo y por qué la deuda pública se ha más que doblado en tan sólo cinco años, pasando del 36% del PIB de 2007 al 80%estimado para finales de 2012. Una auditoría que pueda decidir soberanamente qué es legítimo pagar y qué no, para conocer cuánto del aumento de la deuda pública ha servido para salvar al sistema financiero español y ayudar a sus ejecutivos a evadir sus responsabilidades. Una auditoría de la deuda que pueda dirimir si es justo y legítimo que en el año 2012 el Estado tenga que pagar más de 28.848 millones de euros en intereses que provienen de deudas de las que desconocemos su origen. Una auditoría de la deuda que nos permita exigir responsabilidades políticas y judiciales a aquellos que se han enriquecido ilegalmente con dinero público. Una auditoría ciudadana comomedida de presión y de contención para evitar que el Gobierno transfiera toda la deuda privada bancaria a deuda pública (tal y como ya sucedió en Argentina en 2001, en Islandia en 2008, en Irlanda en 2010 y en Portugal en 2011). Una auditoría social para controlar el agujero de la deuda privada española. Una auditoría de la deuda como excusa, y como una pieza más en el camino, que ayude a concienciar y politizar a la ciudadanía, con el objetivo de que hagamos nuestro el futuro y no volvamos a dejar en manos de banqueros y políticos profesionales corruptos nuestro destino y el de las generaciones que están por vivir en nuestro país. Tal y como están las cosas, ésta parece la única salida que permitirá al pueblo recuperar el poder de su soberanía económica, social y política; es decir, la única salida realmente “honrosa”.

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