
Ya está en marcha el debate sobre el debate nuclear: ¿hay que hablar del tema o conviene mantenerlo encerrado bajo siete llaves, como el sepulcro del Cid?
Pero hasta el debate sobre el debate está contaminado. ¿El futuro es la consecución de nuevas fuentes de energía que sustituyan a la derivada de los combustibles fósiles, que terminarán por agotarse, o lo que hay que plantear es una revolución en el uso de la energía? ¿Podemos sostener un mundo de progreso global manteniendo el criterio de que el desarrollo del bienestar es directamente proporcional al consumo de energía tal y como hoy lo concebimos?
Resulta que menos de la cuarta parte de la población mundial consume casi tres cuartas partes de la energía que producimos. Según los medidores actuales, las tres cuartas partes de la población menos desarrollada (unos 4.700 millones de personas) tendrían que acceder a un consumo similar al de los otros 1.500 millones para alcanzar un nivel de desarrollo equiparable. O sea, que o se incrementa en cantidades astronómicas la producción de energía o se reduce drásticamente la que consumen los desarrollados, para lograr una cierta equiparación de los que aún están desarrollándose. La tercera opción es dramática: mantener una "bolsa" de subdesarrollo lo suficientemente amplia como para no tener que compartir la energía.

Pero el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares también dispone de su propia coartada: "El Tratado fomenta la cooperacion en la esfera de la tecnología nuclear pacífica, así como la igualdad de acceso a esta tecnología para todos los Estados partes, al tiempo que las salvaguardias evitan la desviación de material fisionable hacia usos armamentísticos", dice en

Pues ya hay una empresa, en Los Álamos (USA), que tiene la solución. El caso es que, si Hyperión logra vender un número suficiente de esos pequeños e "inofensivos" reactores, tendremos que convivir para siempre con unos depósitos de material radiactivo diseminados por toda la superficie del planeta. Porque cada "pila" de esas que quieren vendernos, además de costar hoy unos 25 millones de dólares, habría de recargarse cada cinco o diez años, volviendo a abrir el sarcófago de hormigón enterrado, para mantener el suministro energético a cada población de unos 10.000 hogares. Pongamos una media de 4 personas por hogar, hagan la división entre 6.300 millones de humanos que pueblan la tierra y tendrán el número de "pilas" atómicas que han de enterrase para tener garantía de suministro eficiente para toda la población mundial: 157.500 reactores nucleares bajo nuestros pies.
El debate está abierto y ya se han aprestado a poner su granito de arena todos los "abuelos cebolleta". Ahí tienen ustedes al Felipe González Márquez que patrocinó la moratoria nuclear cuando gobernaba, convertido al nuclearismo activo, o a su sucesor, en el gobierno y en lo de "cebolleta", José María Alfredo Aznar López, en plan mesías redentor y con la verdad verdadera y universal bajo el brazo.
Pero, como decía, el debate está mal planteado y es perverso en sí mismo. Porque la realidad es que nadie se atreve a decir que no hay manera de sacar del subdesarrollo a tres cuartas partes de la población mundial y mantener la ecuación "desarrollo = consumo energético".
Mientras nosotros seguimos "progresando" en maquinitas a pilas (desechables o recargables)

1 comentario:
Crudo real, poco que añadir a tu entrada y al comentario anterior..
solo que tendría que haber una revolución pero la maldas puede a la bondad y tn todas partes existe, dale poder a cualquiera y será como estos... no sé que tiene el poder
muy bueno el articulo.
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